lunes, 14 de abril de 2014

Los sin carro

Pertenezco a ese porcentaje (que no me sé) de pedaleados en mi país, y es que nosotros los sin carro, sufrimos más de lo que se imaginan. Somos un porcentaje que no tenemos carro por dos tristes razones: no hay dinero para uno o simplemente estamos en una lista infinita, que está en espera por ese pedacito de felicidad, yo pertenezco a la segunda, y no sé que es más triste, no tener dinero para uno, o tenerlo y que en el país no lleguen carros por la situación tan desagradable que se está viviendo. 

Entonces los llamados "sin carro" tenemos que pasar por situaciones como caminar bajo el sol todos los días para agarrar la camionetica que tarda la vida entera en pasar y más cuando estas apurada, pero justo cuando se digna a aparecer, resulta que te toca ir de bandera, es decir, agarrada de la puerta, con medio cuerpo afuera y el otro adentro pegándole la cara al celulitoso culo de la señora que nunca en su vida ha visitado un gimnasio y mucho menos ha dejado de comerse todos los sábados la hamburguesa que venden en la esquina de su casa que se la hacen bien resuelta por ser cliente exclusivo. 

Cuando por fin un amable caballero se digna a darte el puesto (mentira, se tuvo que parar porque llegó a su destino) te toca arrecostarselo a medio autobús hasta llegar al puestico que te otorgaron, para nada, porque ya en dos paradas te quedas, no obstante corres el riesgo de que tu celular se dañe por guardarlo en partes de tu cuerpo que es mejor no mencionar, ya saben, para no darle esos tips a los llamados trabajadores de la patria, y obviamente para no dejar mi dignidad aquí.

Nosotros los sin carro, sufrimos más a la hora de viajar, porque no todos corremos con la suerte de tener colas siempre, en lo que se refiere a mi persona, soy de un pueblito muy lejano que no muchos conocen porque vieron geografía con Maduro, y no perderé mi tiempo explicándoles en donde queda y que tan pueblo es, así que proseguiré a contarles que tan desgraciada es mi vida a la hora de ir a mi choza de nacimiento.

Una pasa por tanto trabajo agarrando la camionetica para el Big Low, evitando miradas de jevos que pueden ser matones o violadores, tratando de que no te vean la cara de jevita sifrina chimba porque ni real tengo, sudando la gota gorda porque me antojo de viajar después del medio día, y molesta con mi papá porque nunca me dio el carro que me prometió supuestamente para el 8vo semestre (si estas leyendo esto, quiero que sepas que sigo molesta contigo papi) entonces sigues sufriendo porque para llegar al terminal desde mi casa son 2 autobuses ya que en Carabobo no han tenido la brillante idea de hacer un metro que te lleve por todo el estado como hacen en Caracas. 

Cuando gracias al señor Jesucristo y al chofer de autobús, llegas y te toca pasar por todos los cara de crimen antes mencionados pero ya no le paras tanto porque la carita de sifrina se te quedo en el asiento del autobús y solo te queda una cara de amargada y de barrio por lo sudada que estas ya que el clima tampoco ayuda mucho que digamos. Te toca hacer la colita para montarte en el bus que te llevara a tu muy lejano destino y cuando hablo de lejano, en serio no exagero. 

Haciendo un muy recalcado énfasis en que el sufrimiento apenas comienza, porque casi siempre el fabuloso medio de transporte que me lleva a Narnia no tiene aire, entonces debo decirles que es LA muerte en 3D, y más cuando unas simpáticas personitas llevan a sus hijos menores de 6 años en los asientos diagonales al mío, o peor aún, detrás del mío y pasan todo el viaje JODIENDO mi vida y acabando con mi paciencia, entonces... qué tal si se imaginan a este personaje en un autobús sin aire, con el sol en mi cara, unos niños llorando o pegando gritos todo el camino y el hambre que me da porque nunca como en las paradas ya que si lo hago puedo sufrir de una amibiasis crónica nivel olímpico.

Gracias Gobierno Bolivariano, por darme la oportunidad de vivir esta maravillosa aventura a diario. 

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