domingo, 12 de julio de 2015

Quisiera decirte

Quisiera contarte mi día,
decirte las muchas veces que pensé en ti.
Quisiera contarte que salí con una vieja amiga
y comimos cosas tan sanas que tu le hubieses
querido echar toda las mayonesa del mundo
porque eres así.
Quisiera decirte que me mojé bajo la lluvia y
pasé tanto frío, pero solo necesitaba uno de tus abrazos.
Me hubiese gustado contarte que fuimos al sitio
que te invité mil veces pero al que nunca entramos
porque lo dejábamos para otro día.
Quisiera decirte que me atreví a salir para no pensar en ti.

2 comentarios:

  1. Si alguien como tu, se enamorara de mi, y me escribiera así, creeme que no estarías escribiendo nada nostálgico porque no te dejaría ir jamás.

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  2. Ambos están convencidos
    de que los ha unido un sentimiento repentino.
    Es hermosa esa seguridad,
    pero la inseguridad es más hermosa.

    Imaginan que como antes no se conocían
    no había sucedido nada entre ellos.
    Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
    en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

    Me gustaría preguntarles
    si no recuerdan
    -quizá un encuentro frente a frente
    alguna vez en una puerta giratoria,
    o algún “lo siento”
    o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-,
    pero conozco su respuesta.
    No recuerdan.

    Se sorprenderían
    de saber que ya hace mucho tiempo
    que la casualidad juega con ellos,

    una casualidad no del todo preparada
    para convertirse en su destino,

    que los acercaba y alejaba,
    que se interponía en su camino
    y que conteniendo la risa
    se apartaba a un lado.

    Hubo signos, señales,
    pero qué hacer si no eran comprensibles.
    ¿No habrá revoloteado
    una hoja de un hombro a otro
    hace tres años
    o incluso el último martes?

    Hubo algo perdido y encontrado.
    Quién sabe si alguna pelota
    en los matorrales de la infancia.

    Hubo picaportes y timbres
    en los que un tacto
    se sobrepuso a otro tacto.
    Maletas, una junto a otra, en una consigna.
    Quizá una cierta noche el mismo sueño
    desaparecido inmediatamente después de despertar.
    Todo principio
    no es mas que una continuación,
    y el libro de los acontecimientos
    se encuentra siempre abierto a la mitad.

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